Solfeo hablado: un estudio insignificante(Letto 93 volte)
EL SOLFEGGIO HABLADO: UN ESTUDIO INSIGNIFICANTE
Tenía poco más de ocho años cuando empecé mis estudios musicales. No había ninguna predisposición familiar, ningún talento que me hubiera empujado a acercarme al arte musical. Sin embargo, se encendió en mí esa chispa que determinó el comienzo de una gran aventura.
Recuerdo como si fuera hoy la alegría que sentí cuando abrí mi primer libro de música. Me llamó especialmente la atención la primera frase: LA MÚSICA ES EL ARTE DE LOS SONIDOS. Mis ojos brillaron al pensar inmediatamente en el gran viaje que me esperaba: el mundo de las siete notas, ese mundo que deseaba, lleno de sonidos, acordes, satisfacciones y que, por fin, me permitiría tocar un instrumento.
¡Por desgracia, no fue así! Desde las primeras clases leía ejercicios áridos que no tenían nada que ver con la realidad sonora. Está claro que solo hoy puedo darme cuenta de cuánto tiempo perdí estudiando ese llamado solfeo hablado.
Pero, ¿qué significa “hablado” si se leen símbolos que expresan un sonido? ¿Por qué aún hoy muchos profesores no se dan cuenta de que el solfeo hablado deseduca el oído? Cuando oigo decir que un alumno es bueno en música porque hace bien el solfeo, me dan escalofríos; ¿la lectura de un ritmo difícil, de un ejercicio vertiginoso, es realmente la prueba de fuego para descubrir un talento musical?
¿Cuántos niños se han alejado de la música porque se les consideraba negados, desafinados? Muchos. Por lo tanto, sería bueno no descuidar la oportunidad de proporcionar a los niños en edad preescolar una educación musical básica adecuada, enseñándoles a leer cantando basándose en el estudio de los intervalos. De este modo, no se perderán años preciosos, precisamente aquellos en los que las capacidades psicointelectivas del individuo son más receptivas.
Me gustaría precisar, además, que la teoría musical no se puede enseñar con lecturas aburridas y ajenas a cualquier referencia lógica. Obsérvese este ejemplo:

Según las reglas del solfeo hablado, el sonido alterado debe leerse pronunciando la sílaba fa como si el sostenido no existiera. En pocas palabras, leo un sonido diferente al escrito. Dejo a la imaginación qué tipo de oído musical tendrá un alumno que siga estas absurdas teorías. Como si en el lenguaje verbal pudiéramos permitirnos leer una sílaba en lugar de otra. En los países musicalmente más avanzados que el nuestro nunca se ha conocido ni practicado el solfeo hablado, recurriendo más bien a una lectura rítmica.
La interpretación de un símbolo con su verdadero significado (el sonido) pone de relieve el contenido expresivo de una línea melódica basada en la cantabilidad. Solo la práctica del solfeo cantado puede revivir la metodología de Guido D'Arezzo basada en las sílabas de la escala diatónica y los intervalos. Quien se disponga a estudiar un instrumento de viento o de cuerda debe, ante todo, ejercitar el oído mediante el estudio de los intervalos, saber entonarlos y transportarlos a diferentes tonalidades. Si se descuida esta práctica diaria, ya sea por negligencia o porque se cree que es una pérdida de tiempo, ese instrumento nunca tendrá una entonación precisa.
Según el musicólogo Edgar Willems, los malos músicos no oyen lo que tocan; los mediocres pueden oírlo, pero no lo escuchan; solo los buenos músicos oyen lo que van a tocar.
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