La perfección, el mayor enemigo del jazz(Letto 103 volte)
“La perfección es enemiga de la excelencia” (...)
“La perfección está siempre a un paso de la perfección” (...)
“Si hubiera esperado a ser perfecta, nunca habría escrito una sola palabra” (Margaret Atwood)
POR QUÉ LA PERFECCIÓN ES EL ENEMIGO DEL JAZZ
Todo el mundo espera ser perfecto algún día. Tocar con una entonación perfecta, líneas perfectas, un sonido perfecto... Pero, ¿y si pensáramos que la idea misma de la perfección es lo que nos frena? Esta aspiración a la perfección no solo puede perjudicar nuestra práctica diaria, sino que también puede quitarnos la diversión y el placer del descubrimiento, todo el proceso de aprendizaje.
Tocar jazz es una de las aspiraciones más individuales en las que podemos embarcarnos. Pensemos por un momento en Charlie Parker, John Coltrane, Thelonious Monk, Oscar Peterson, Bill Evans... cada uno de ellos es absolutamente original, único.
Pero a menudo la forma en que se enseña el jazz dista mucho de ser individualista, como si hubiera una forma “estándar” de tocar y pensar el jazz, con normas universalmente aceptadas sobre lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Que cada acorde requiere una determinada escala, cada instrumento debe sonar de una determinada manera y cada músico de jazz debe abordar la música de una forma similar.
Pero la idea de la perfección es precisamente eso: una idea, creada y sostenida por quienes nos rodean, por nuestras influencias, nuestros profesores, amigos y, sobre todo, por nosotros mismos.
Con el tiempo, esta idea de perfección en cuanto al sonido, la técnica e incluso lo que es el jazz en sí mismo tiende a dirigir y limitar la forma en que abordamos la música.
CÓMO SURGE LA IDEA DE PERFECCIÓN
No tenemos esta idea innata en nuestra mente, pero en algún momento nos entra la curiosidad por saber qué podría ser la perfección...
Tocamos jazz por la energía que nos transmite, porque nos sentimos arrastrados por la música, pero a medida que avanzamos en el estudio, el análisis y la racionalización, la llama deja de arder como antes.
Todo comienza con la primera obsesión por uno de nuestros héroes musicales...
Imitar, copiar, desmontar pieza por pieza a uno de nuestros músicos favoritos es esencial para el proceso de aprendizaje, pero a menudo nos perdemos en el propio músico, elevándolo a un nivel de grandeza tal que nunca podremos aspirar a alcanzar.
Nuestro héroe musical adquiere así esta imagen de perfección en nuestra mente, y todo lo que hacemos con nuestro instrumento, desde la búsqueda del timbre hasta las líneas, las frases y el timing, debemos medirlo en comparación con él. Hemos creado esta idea del músico perfecto, que hace todo de la única “manera correcta”, y nosotros estamos muy lejos de ello.
Pero la idea de perfección no se detiene ahí. A medida que estudiamos la técnica, el sonido y el repertorio del instrumento, surge una imagen de perfección instrumental, en la que fijamos en nuestra mente lo que es tener “una gran técnica” o un “bonito sonido”, aunque estos formen parte de la interpretación individual. Por ejemplo, Oscar Peterson y Bill Evans tienen una gran técnica y un sonido precioso, pero son completamente diferentes, hasta el punto de que se les reconoce con una sola nota o un solo acorde.
Llegamos al punto de construir en nuestra mente una idea de lo que significa tocar jazz de manera “perfecta”. Tenemos esta idea de la perfección del jazz, que domina todo lo que hacemos, desde las canciones, los solos que transcribimos, la actitud general, hasta el significado mismo de “ser músico de jazz” o simplemente “ser músico”.
Todas estas ideas de perfección las creamos, consciente o inconscientemente, por una razón: ayudarnos a comprender lo que nos gusta y lo que no nos gusta, para acercarnos a nuestro ideal, lo que en teoría podría ser algo útil.
El problema surge cuando estamos tan apegados a nuestra idea de perfección que rechazamos nuestra individualidad, creatividad, satisfacción y búsqueda, lo que nos lleva a desanimarnos y perder el interés.
Es esta obsesión por la perfección la que nos lleva directamente a un callejón sin salida, a una jaula de limitaciones, destruyendo el motor que debería impulsarnos a aprender, con diversión, como una experiencia gratificante.
Entonces, ¿cómo reconocemos esta obsesión y cómo podemos superarla?
CÓMO SUPERAR LA OBSESIÓN DEL ’HÉROE PERFECTO”
Aprender de nuestros héroes musicales es fantástico, y probablemente la forma más directa de aprender el lenguaje del jazz. Al tocar sobre las grabaciones de los maestros, absorbemos los detalles que no se pueden comunicar verbalmente o mediante una página escrita.
Utilizamos a nuestros héroes para inspirarnos, motivarnos y comprender los mecanismos internos de la improvisación jazzística. Utilicémoslos para descubrir, definir y crear nuestra personalidad musical.
Sin embargo, si sentimos que nos estamos obsesionando, si sentimos que queremos ser como ellos en lugar de ser nosotros mismos, es hora de mirarnos al espejo.
3 PASOS PARA LIBRARNOS DE LA OBSESIÓN DEL ’HÉROE PERFECTO”
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Somos conscientemente diferentes de nuestros héroes. – Tomemos decisiones, eligiendo tocar de forma diferente a nuestros modelos. Por ejemplo, si tocan una pieza en el registro agudo, toquémosla en el grave. Si tocan fuerte, toquemos suave. Si tocan rápido, toquemos lento. Alejémonos de sus elecciones, eso nos puede ayudar a descubrir las nuestras.
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Esforcémonos por crear y definir nuestro ego musical. – Acostumbrémonos a aprender de nuestros modelos como si aprendiéramos de nosotros mismos. Preguntémonos, por ejemplo: ¿Qué es lo que más me gusta de su forma de tocar? ¿Qué es lo que no me gusta? ¿Qué cambiaría? ¿Qué puedo añadir? A menudo tomamos todo lo que tocan como oro puro, solo porque ellos Lo han tocado. Más bien, construimos algo sobre lo que nos gusta, dejamos de lado lo que no nos gusta y hacemos nuestro el material que descubrimos.
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Experimentamos y tenemos confianza – Preguntémonos constantemente: ¿cómo puedo aprovechar lo que están haciendo y llevarlo más allá?
Usemos lo que aprendemos de los maestros para estar sobre los hombros de los gigantes, no para estar a su sombra.
No debemos hacer las cosas igual que nuestros modelos. Su enfoque muestra una única forma de hacer las cosas, en medio de un sinfín de posibilidades. Aprendamos de los modelos, pero tomemos nuestras propias decisiones sobre qué tipo de músicos queremos ser, y vayamos conscientemente a contracorriente.
CÓMO SUPERAR LA “PERFECCIÓN INSTRUMENTAL”
Uno de los aspectos de la improvisación jazzística que más nos cautiva es la impresionante técnica instrumental. Cuando escuchamos a un bajista como Niels Pedersen o a un saxofonista como Michael Brecker, pensamos: “¡Yo también quiero tocar así! ¡Necesito esa técnica!”.
O a veces es algo un poco más sutil.
Cuando empecé a estudiar en el conservatorio, me enseñaron que había una serie de habilidades que había que alcanzar para ser un buen contrabajista. Por ejemplo, un sonido limpio, un arco impecable, adherencia a la cuerda, entonación perfecta... y estas son, objetivamente, cosas necesarias. Otras cosas, como por ejemplo vibrar continuamente cualquier sonido, no lo son en absoluto y forman parte de una estética que, en mi opinión, es totalmente antimúsica, aunque sea aceptada por la mayoría de los músicos.
Aprender a tocar con afinación y un sonido limpio, conocer escalas y arpegios, etc., es un paso necesario y da una idea de lo que significa “tener una buena técnica instrumental”. Es un buen punto de partida.
Sin embargo, a menudo esto no se considera un punto de partida, sino un conjunto de reglas más importantes que cualquier otra cosa, que deben respetarse a toda costa y, como en el caso del estudio de nuestros modelos, podemos obsesionarnos fácilmente con alcanzar este estándar técnico instrumental. Tocar con una entonación perfecta, tocar con una técnica perfecta, tocar con un sonido perfecto.
Hay una gran diferencia entre dedicar tiempo al estudio diario para mejorar la entonación y el sonido y estar obsesionado con tener que tocar el instrumento a la perfección.
En el jazz, quizá nadie toca perfecto en sentido absoluto, lo que un músico clásico aspira a hacer. A menudo, en el jazz, la entonación es imperfecta, el registro agudo es un poco estridente o la articulación puede ser poco clara.
El jazz no es música perfecta. Nuestros modelos no son perfectos y a menudo se permiten cometer errores.
Aunque un músico de jazz estudia cada día con ahínco la técnica de su instrumento, la entonación, el sonido, etc., en las actuaciones estos aspectos de la música pasan a un segundo plano frente a la necesidad de arriesgarse, contar una historia, crear “atmósferas musicales”. Estos son elementos del jazz que sirven para comunicarse con el público.
No temas cometer errores, no hay ninguno (Miles Davis)
(No tengáis miedo a los errores, no existen)
Dejemos atrás la idea (errónea) de que solo hay una forma correcta de tocar nuestro instrumento, o de que no tenemos derecho a equivocarnos. Estamos tocando jazz, no haciendo una audición para la Orquesta de La Scala...
3 PASOS PARA LIBERARSE DE LA “PERFECCIÓN INSTRUMENTAL”
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Nos mantenemos a nuestro nivel. – Todo el mundo empieza siendo principiante, eso es un hecho. Intentemos sentirnos cómodos con nuestro nivel instrumental, pero procuremos progresar continuamente mejorando nuestra técnica instrumental. No debemos sentirnos frustrados si no sabemos tocar tan fuerte, tan rápido o tan articulado. La técnica y el sonido mejoran día a día, con pequeños pasos.
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Tenemos derecho a equivocarnos. – El jazz está plagado de los llamados “errores”. Estos son parte de lo que hace grande a esta música. No necesitamos tocar siempre “sobre seguro”. El objetivo es improvisar y estar “en el momento”, así que aprendamos a “dejarnos llevar”, concentrémonos en nuestra voz interior, asumamos el riesgo e intentemos tocar lo que sentimos dentro. No se trata de tocar nuestro instrumento con absoluta perfección, se trata de expresar nuestra voz interior, enviar un mensaje, contar una historia.
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Afrontamos nuestro instrumento como un viaje para toda la vida. – Tenemos toda la vida por delante para mejorar nuestra técnica, nunca será un trabajo terminado, sino algo en lo que trabajamos todos los días y en lo que progresamos lentamente. Tomémonos el tiempo necesario y hagamos mejoras “sostenibles”.
No nos dejemos bloquear por la obsesión de tocar perfectamente nuestro instrumento, debemos aprender a tocar melodías improvisadas y hacer solos con confianza en nosotros mismos. Integramos más bien los ejercicios técnicos en la práctica diaria.
CÓMO SUPERAR LA “PERFECCIÓN JAZZÍSTICA”
¿Qué es el jazz? Si se lo preguntamos a 100 grandes músicos, seguramente obtendremos 100 respuestas diferentes, pero cuando estamos aprendiendo a tocar jazz, seguramente no nos parecerá así.
A veces parece que tenemos que pensar en lo que es y tocar jazz de una sola manera: que tenemos que estudiar una lista concreta de músicos, en un orden concreto, que tenemos que aprender un lenguaje concreto, tocar determinadas piezas y abordar el jazz de una manera concreta para ser un “verdadero” jazzista...
Hay que abandonar por completo el concepto de lo que es o lo que podría ser el jazz.
“Para mí, la palabra jazz significa ”TE DESAFÍO» (W. Shorter).
“Para mí, la palabra jazz significa TE DESAFÍO” (W. Shorter)
Alguien puede decirnos que debemos saber tocar funk, rock & roll, salsa y todos los aspectos del jazz si queremos trabajar, o que debemos conocer miles de canciones, o un montón de otras posibles leyendas, pero la verdad es que:
- No existe un conjunto de reglas que los músicos deban respetar para tocar jazz, ni existe una única forma de tocarlo.
- Hay muchos tipos diferentes de actuaciones, incluida la opción de inventar nuestro propio tipo, y no existe una única forma de tocar jazz o de trabajar como músico de jazz hoy en día. Depende de nosotros decidir qué queremos hacer con la música, qué nos gusta, qué dirección queremos tomar.
Si nos sentimos oprimidos por las definiciones de jazz de otra persona, sigamos estos pasos para liberarnos:
3 PASOS PARA LIBRARNOS DE LA “PERFECCIÓN DEL JAZZ”
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Resistamos a los dogmas sobre el jazz – No existe una definición única del jazz. Revistas, libros de historia, profesores y otros intentan definir qué es y qué debe tener para ser jazz, pero esa es solo su definición. Una definición más adecuada podría ser “Un lenguaje musical creado por los músicos de jazz del pasado, continuado y ampliado en todo tipo de direcciones, cada una de ellas única, y sobre todo un lenguaje que puede llevarnos a cualquier parte”.
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Investigamos qué significa el jazz para nosotros. ¿Qué significa el jazz para nosotros? A medida que nos adentramos en la música, la respuesta a esta pregunta aparentemente sencilla cambia, al igual que cambia nuestra forma de abordar la música.
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Pasemos a la acción. – Sea lo que sea lo que signifique el jazz en este momento de nuestro desarrollo, intentemos actuar en esa dirección. No ignoremos los fundamentos, pero intentemos incorporar nuestra forma de ver la música. Por ejemplo, si el jazz significa sobre todo tocar melodías interesantes, o se trata de ritmos sincopados o polirritmia, vayamos en esa dirección. Sea lo que sea, inspirémonos en ello para orientar nuestro estudio. Sin duda, el jazz no es una sola cosa: no es un arte rancio que encontramos en los libros de historia.
VERDADERA PERFECCIÓN: ACEPTEMOS LOS DEFECTOS Y TOCEMOS CON EL CORAZÓN
El jazz es más que imperfección que la perfección. Debemos descubrir la imperfección, aceptarla e incluirla en nuestro lenguaje.
Para entender lo que significa esta frase, escuchemos a John Coltrane, por ejemplo: podemos decir que es él desde la primera nota que toca, y no porque sea perfecto, sino precisamente porque no lo es en absoluto. Del mismo modo que reconocemos el timbre de un instrumento por lo más imperfecto y más parecido al ruido: el transitorio de ataque. Reconocemos a John Coltrane por sus imperfecciones, por la forma en que alcanza el registro agudo, por algunas notas que están ligeramente desafinadas, por su articulación...
Las imperfecciones son lo que nos define a nosotros y a nuestra voz.
Esto no significa que no debamos estudiar para tocar afinados, con un sonido bonito o con la articulación correcta, sino que, al esforzarnos por tocar afinados, con un sonido bonito y bien articulado, no nos quedamos bloqueados por las inevitables imperfecciones que pueden aparecer en nuestra forma de tocar.
Nuestros héroes musicales no son perfectos, nadie toca jazz a la perfección y nadie es capaz de definir qué es exactamente el jazz. La perfección en el jazz es una ilusión, así que dejemos de castigarnos. Recordemos que nuestra voz en el jazz no reside en la obsesión por la perfección, sino en la inclusión de nuestras imperfecciones a través del trabajo diario de curiosidad, interés, descubrimiento personal y disfrute de la música.
LA OTRA CARA DE LA MONEDA: DEBES SER TÚ MISMO (¿y eso es todo?)
Por supuesto, hay quienes se toman al pie de la letra todo lo dicho anteriormente, pero eso no significa que les beneficie en absoluto. Desde hace algunos años, en ciertos programas de televisión se repite siempre lo mismo. “Debes ser tú mismo”.” o “Debes ser espontáneo”.”. La mayoría de las veces, estas ideas expresadas en el programa de televisión y aplicadas al contexto musical causan daños irreparables. De hecho, a menudo se oye a cantantes desafinados o fuera de tempo, pero sus “entrenadores” les dicen “tienes que ser espontáneo”. El resultado es que decenas de jóvenes que querrían acercarse al estudio de la música piensan que para convertirse en músicos es necesario ser espontáneo ante todo, en detrimento del estudio, el conocimiento de la teoría, la armonía, la investigación, la escucha crítica y el conocimiento de la tradición. Además, los músicos que se toman como modelo suelen ser ellos mismos muy mediocres, y tomar como modelo a un músico mediocre no contribuye precisamente a crear una personalidad musical.
Además, la frase “no me sale espontáneamente” se utiliza como excusa para encubrir la incapacidad de hacer algo, el desconocimiento de ciertas técnicas de improvisación o algunas carencias, como la falta de sentido rítmico, la falta de claridad, etc.
La espontaneidad no sirve para nada sin el conocimiento.
Hoy en día, la cantidad de información disponible de forma gratuita es enorme, incluso excesiva. Basta con escribir un nombre o un género musical en YouTube para encontrar millones de grabaciones de audio y vídeo. Incluso resulta complicado elegir un título. Aquí también entra en juego la necesidad de un profesor, que pueda orientarnos en la elección de lo fundamental y no perder el tiempo con cosas triviales. Aunque vagar al azar puede llevarnos a descubrir algo nuevo, una elección específica puede ayudarnos a progresar. Sea cual sea el género musical que queramos tocar, hay cosas que no se pueden ignorar. No podemos ser buenos músicos de jazz si no conocemos A Kind Of Blue, por poner un ejemplo. No podemos estudiar el contrabajo y no conocer a Charles Mingus, Paul Chambers, Ray Brown, Charlie Haden, Oscar Pettiford... Pero añadiría que, independientemente del instrumento que toquemos, no podemos ignorar a grandes maestros como Charlie Parker, Thelonious Monk, Lester Young, John Coltrane, Bill Evans, Oscar Peterson, Red Garland, Joe Pass, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Billie Holiday y muchos otros. ¿O solo tocamos música clásica? No podemos ignorar las obras históricas de los más grandes músicos del pasado: Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y muchos otros...
O mejor dicho, tenemos todo el derecho a hacerlo, pero siempre seremos músicos mediocres e ignorantes.
Por desgracia, debido a programas de televisión como X Factor, se ha creado una generación de aspirantes a músicos que no tienen ni la más remota idea de lo que significa estudiar un instrumento, sino que, por el contrario, están convencidos de saberlo casi todo sobre música. Y, sobre todo, son muy espontáneos a la hora de expresarlo.
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